miércoles, 8 de mayo de 2013

Capítulo 38.


Narra ____.

Le miré dudosa ante la expectativa mirada de Lorette en aquella famosa torre de París.

Él también me miraba. Ninguno compartíamos ninguna palabra.

-Esto… ¿Podemos hablar un momento, ____?

Lorette interrumpió ese momento y, como ya de costumbre, cogió mi brazo y lo arrastró hasta un rincón donde Niall no nos escuchase.

Yo le miraba aún sin salir de mi burbuja. Él estaba ahí. Le tenía ahí. Había venido hasta aquí, ¿para qué?

-Mira, yo no me quiero entrometer ni quitarte ilusiones ni nada. Pero, ¿no crees que esto a tu hermana le estará haciendo daño? No es una amiga tuya ni una desconocida. Es tu propia hermana. Ponte en su situación. Ella no puede estar bien. Ha pasado muy poco tiempo. Tú misma me lo dijiste.

Escuché arrepentida la regañina que me acababa de echar Lorette.

-Pero… yo le quiero. Le quiero como a nadie, Lorette.
-Entiendo eso. Pero debiste de respetarle. Jamás hubiera llegado a este extremo si tu no hubieses seguido su juego.
-¡Todos me decís lo mismo! – Exclamé enfadada.

Niall, que miraba sus fotos de la cámara atento a la conversación, levantó su mirada y nos miró debido a mi gran grito.

-Quizás es porque la que lo esté haciendo mal eres tú, no los demás. – Dijo Lorette dándose la vuelta y comenzando a bajar las escaleras de esa torre.

Mire como abandonaba esa planta, pensativa. Lorette me acababa de decir toda la verdad que ya me habían repetido tres mil veces cada persona cercana a mí, pero jamás me di tanta cuenta como en este momento, cuando mi hermana estaría destrozada y todo gracias a mí. Ahora no era el momento de hundirla más. No podía y no debía hacerlo.

Regresé mi mirada a Niall que continuaba mirando la cámara.

Me acerqué a él.

-Niall, me tengo que ir, Lorette… Se ha ido.
-¿Ya? – Preguntó. -¿No te vas a quedar conmigo?
-¿Quedarme contigo?
-Vine hasta aquí a por ti, para decirte que…
-Lo siento, Niall.
-Me voy mañana, quédate conmigo.

Le besé la mejilla y fui en dirección a las escaleras de la torre.

-¿Qué pasa? – Niall se puso delante de mí para impedirme continuar mi camino.
-Que me tengo que ir, ya lo sabes.
-¿Sólo eso?
-Sí.
-No te creo.
-Debes hacerlo.
-Está bien. ¿Dónde vive Lorette?
-¿Para qué quieres saberlo?
-No tienes intención de decírmelo, lo sé. Pero lo voy a adivinar igual; Tengo poco tiempo, pero encontraré la casa de esa chica sea como sea. Está claro que si tu me favoreces la información tardaré menos.
-No debo decírtela, Niall. Creo que debemos olvidar todo esto.

La cara del rubito se descuadró completamente.

-¿Por qué?
-Anne es mi hermana. No puedo hacerla daño y se lo estoy haciendo.
-____, tengo que explicarte muchas cosas. Anne no está tan mal como crees…
-¿Acaso lo sabes?
-Claro que lo sé. Tengo muchas cosas que explicarte, ____. No he venido aquí porque me ha apetecido. Necesito que me escuches.
-Ahora no puedo.
-Por eso, esta noche me pasaré a buscarte a casa de Lorette. Por favor, no me rechaces. No sin aún no haber escuchado todo lo que te tengo que contar.

Le miré y dudosa y le di la dirección de Lorette. Sin razón alguna y arrepintiéndome segundos después, pero se la di.

Después, comencé a bajar las escaleras por las que minutos antes había bajado Lorette. Él, se guardaba el papelito donde la había apuntado en su bolsillo y conservaba una perfecta y blanca sonrisa en su boca.

No tenía ninguna intención de hacerle más daño a Anne. Lorette tenía razón, pero eso que me acababa de decir Niall, que no lo estaba pasando tan mal, me había dejado con la duda. Una de las muchas que tenía ya de por sí. ¿Qué hacía aquí? ¿Estaría de verdad en la exposición? ¿Qué me tendría que contar? ¿Por qué me besó? 

Continuando esas escaleras, que se me estaban haciendo eternas. Tenía que llegar hasta donde estaba Lorette, que no lo sabía exactamente.

Esa francesa pareció molestarse mucho, a pesar de no saber completamente la historia. Tampoco me dijo algo del otro mundo. Simplemente se limitó a decirme lo que todo el mundo me había dicho últimamente.

Ultimas diez escaleras y salí corriendo tras esa francesa que estaba algo retirada.

Casi sin oxígeno, conseguí cogerla de la mochila para impedir que siguiese andando.

-Lo…rette…
-¿Qué? – Dijo antipáticamente.
-¿Por qué te has ido?
-Estaba de sujeta-velas, ¿para qué me quieres ahí?
-Lorette, no me entiendes…
-Claro que no te entiendo. Yo nunca me he enamorado del novio de mi hermana. ¡Ni nunca lo haría! Y menos me besaría con él…
-No sabes lo que dices. Ojalá que nunca te pase, pero creo que los sentimientos es lo único que no puedes parar. Si crees que yo quise romper la relación de mi hermana, estás equivocada. Es más, jamás le dije nada a Niall y yo fui quien me alejé de él. Niall fue quien me besó y quien me pidió por favor que le dijese la verdad. Y en el momento en el que me confesé ya no podía más. Algo hizo que mi hermana escuchase esa confesión, pero si crees que lo hice adrede, estás equivocada. ¿Qué ganaría con eso? Además, yo no tenía novio ni tenía nada que me impidiese sentir algo así por alguien. Ha sido él quien me ha besado las dos veces y ha sido él quien ha venido a París a buscarme y él ha sido quien me ha pedido un rato para explicarme todo. – Dije agotando todo el oxígeno que me había sobrado de la gran carrera que me metí. - Yo estaba realmente agusto con mi vida antes de que él llegase a ella. Pero ahora, lo quiera admitir o no, la ha cambiado. Me ha cambiado. No puedo hacer como si nada, aun que lo intente todos los días y a todas horas. No puedo, Lorette.

Silencio. Lorette miraba al suelo.

-Siento ser tan borde. – Me disculpé. – Pero creo que te enfadas sin saber con detalles la historia.

Lorette se quitó su mochila y se sentó en el césped.

-Tienes razón, ____. – Se arrepintió. – Lo siento.

Me quité mi mochila y me senté a su lado. Después, me dio un abrazo y un beso en la mejilla.

-¿Qué piensas hacer? – Me preguntó.
-¿Cuándo?
-Supongo que volverás a verle.
-Vendrá a buscarme esta noche.
-Bueno, pues… mejor vayámonos ya a casa. Tendrás que estar preparada.

Y así lo hicimos. Esperamos a que yo retomara algo de aire y comenzamos a andar hacia la estación de autobuses. Ahora me esperaba una gran parte del día en la que solo estaría pensando en qué le diría y en cómo me comportaría cuando él me confesase todo. ¿Qué sería?

PD. Perdón por los capítulos tan cortos últimamente, es para que la novela dure más :) 




martes, 7 de mayo de 2013

Capítulo 37.


Narra Niall.

Todo era confusión. La noche anterior se destapó todo. Completamente todo. Anne se fue corriendo de esa fiesta y no volví a saber de ella. Ni si quiera me dejó acompañarla a su casa para explicarle. La intenté llamar un par de veces al móvil pero lo apagó. Tenía que darle explicaciones, aunque dudaba que de algo sirviese.

-¿Cómo estás? – Louis apareció detrás de mí.

La anterior noche se quedó en mi casa para hoy terminar de preparar los últimos detalles de le quedaban de su piso nuevo. Estaría a mi lado.

Yo, continuaba mirando la pantalla de la televisión.

-Confuso.
-Debes decidirte.
-Es difícil, Lou.
-¿Sabes algo de Anne?
-Desde anoche nada. Salió de la fiesta corriendo y apagó su móvil.
-Eso que escuchó de la boca de su propia hermana fue duro.
-Lo fue.
-Bueno. Alégrate. Pronto me tendrás como vecino y nos pegaremos grandes fiestas.

Le miré y sonreí vagamente mientras él me alborotaba el pelo.

Alguien llamó a mi timbre. Me levanté viendo como Louis permanecía sentado en el sillón desayunando.
Me acerqué hasta la puerta y la abrí.

-Hola…

Era la última silueta que me hubiera imaginado que apareciese delante de mí.

-Liam...
-¿Podemos hablar?
-Claro. Pasa, pasa.

Liam se dirigió hasta el sillón después de saludar a Louis.

Lou se levantó para saludarle, y después, cogió su desayuno y se lo llevó hasta la cocina dejándonos intimidad.

-¿Cómo estás? – Me preguntó el hermano ese chico.
-Demasiado confuso. Esta situación es rara…
-Entiendo.
-¿Hablaste con Anne?
-Pasó la noche en casa de Taylor.
-Vaya…
-Pero esta mañana vino a casa a por sus otras cosas. Me dijo que no podía luchar en contra de lo que sentíais. Que se quitaría del medio.
-¿Dónde fue?
-Están organizando un viaje. A Grecia.
-Fantástico… - Dije débilmente.
-Niall… Yo… Entiendo que no hay nada peor que el que te engañen. Ella es mi hermana. Las dos son mis hermanas. Estoy en medio de ellas dos. Son sangre de mi sangre y por eso me duele más aún. No entiendo por qué lo hicisteis, ni tú ni mi hermana pequeña. Además, creo que aún es pronto para asumirlo o ponerse a pensar en explicaciones coherentes, que dudo encontrarlas. Entiendo a Anne, pero también entiendo a ____. Ella simplemente se dejó guiar por sus sentimientos. Aun que no me creas, tuve muchas conversaciones con ella. La pedía que frenase, que se alejase de ti. Pero lo que sentía, y estoy seguro de que sigue sintiendo por ti, era y es tan fuerte que ni un buque de miles de toneladas podría frenarlo. Jamás la he visto llorar por un chico. Jamás la he visto encerrada días y días en su habitación. ¡Incluso volvió a pintar! Hacía años que no cogía un pincel. Desde que mi abuela murió.
-Liam…
-Espera. – Me interrumpió. Cogió aire. – Ten.
-¿Qué es esto? – Pregunté dudoso.

Era un sobre blanco algo grueso. Liam se lo acababa de sacar de su bolsillo de la chaqueta.

-¡Voy abajo! Acaba de venir el camión de la mudanza. – Louis acababa de salir de la cocina y gritó eso colocado en la puerta.
-Está bien. – Dije.

Liam le sonrió y mi amigo abandonó mi casa.

De nuevo volví la mirada a ese sobre y después mire a ese chico.

-Lo admitas o no, se que tu también quieres a mi hermana. Si no, no la hubieras besado. Por eso, quiero que seas tú quien haga eso.

Abrí el sobre que me había entregado momentos antes.

Un billete con destino a París y una autorización para una exposición de retratos en esa misma ciudad, más cuatro días en una pensión. Esa misma noche sería la inauguración.

-¿Qué me quieres decir con esto, Liam? – Pregunté confuso.
-Verás: El otro día llamaron a mi casa. Era uno de los jueces del concurso. Lo increíble que era el cuadro que había dibujado ____ les llamó tanto la atención que vieron imposible ignorar tanto talento.

Pestañeé.

-Me comentaron la posibilidad de hacer una exposición para ella o mandar su cuadro a uno de los países que estaban trabajando en este tipo de exposiciones. -Continuó Liam. - Aún estaban todos abiertos y daría tiempo a mandarlos. Con tan buena suerte que entre esas ciudades estaba París y que el día de la inauguración sería el día que mi hermana se iría. Acepté. El concurso mandó el cuadro de mi hermana a París y yo me encargué de avisar a Lorette, la francesa con la que estará, que la llevase a esa exposición ese día. Que la convenciese como fuese. Quería que viese ese cuadro en ese sitio. Le haría demasiada ilusión. Pero le pedí a Lorette que hiciese como si no supiese nada, yo estaría ahí para decirle que había sido yo quien mandó ese cuadro. Me saqué un billete porque quería ver su reacción, pero me ha surgido un imprevisto. Así que, por favor, encárgate tú de ir hasta allí y hacerla feliz. Lucha por ella. Ve tras ella. Ella te quiere y tú la quieres a ella. De nada te sirve lamentarte por lo que pasó con Anne. Si mi hermana no se hubiera enterado de que ____ sentía eso por ti, ambos viviríais una farsa. Ella lo entenderá. Ahora, solo piensa en ti. Escúchate.

Miré hacia el suelo y volví a revisar el billete de avión con el justificante de esa exposición. ¿De verdad iría?
Mi móvil sonaba. Era Lou.

-¿Me disculpas? 
-Claro.

Me levanté con el móvil en la mano y lo contesté.

-Niall, ____ va en dirección a tu casa.
-¡¿Qué?! – Grité. Liam me miró sobresaltado después de mi exclamación.
-Sí. ¿Qué hago?
-¿Te ha visto?
-No. Estoy aún retirado.
-Dile que me he ido. Lejos. Que no sabes dónde y… ¡Y no sé! Invéntate algo.
-Menudo lío…
-Hazlo por mí.
-Está bien.

Lou colgó.

-¿Qué ha pasado? – Preguntó preocupado Liam.

En ese justo momento sonó mi portero.

-Eso pasa. – Le contesté. – Es ____.
-¿____?  ¿Qué hace aquí?

Fui en dirección a la ventana para observar la escena desde ahí arriba. Mientras, le explicaba a Liam lo que me acababa de contar Louis.

Louis se acercó a ____ y la debió de decir algo. Algo duro. Ella se dio media vuelta después de mantener una conversación con mi amigo, y cabizbaja, abandonó este sitio.

Suspiré de alivio. Liam me miró y me imitó. Por los pelos.

-Mírate. Casi se te sale el corazón. La quieres. – Justificó ese chico. – Quieres a mi pequeña hermana.

Sí… esa pequeña. Había cambiado al duro y borde Niall y había sacado mi lado dulce que nadie, absolutamente nadie había conseguido.

La besé aquella noche de viernes. La besé porque lo necesitaba. Y fue la cosa más sincera que pude experimentar en la vida. Por una vez, tuve las cosas claras. Me costaba reconocer la realidad. No quería entender que me estaba enamorando de ella. Pero lo era. Era la realidad. Estaba sintiendo las cosas más intensas que había sentido en toda mi corta vida por esa chica. Por esa persona a la que llamé cría y juzgué sin conocer. Ella me había hecho conocerme más y conocerla más. Ella me había hecho descubrir que el amor no era como me lo habían pintado. Sí. Estaba loca, completa y profundamente enamorado de esa chica. De la hermana de mi propia novia. O mejor dicho, ex novia.

-¿Y bien? – Insistió ese chico.
-¿A qué hora sale el avión?

Liam me sonrió y me confirmó que tenía poco tiempo. Debería de darme prisa, pues ella iría en el siguiente vuelo.  

Cogí todo lo necesario y lo metí en una maleta. Después, saqué una bandolera en la que metí la justificación del concurso.
Le miré y sonreí.
-Liam… Gracias.
-No hay de qué. La felicidad de mi hermana es lo principal.

Me fui directo al aeropuerto donde no tardé mucho tiempo en embarcar. Llegué a París y fui directamente a la pensión, donde dejé mis cosas y, tras ponerme un traje elegante, emprendí camino a la inauguración de la exposición.

~

Estaba nervioso. ¿La vería? ¿No la vería? ¿La habría convencido Lorette para que viniese? Pero, ella no sabría que yo vendría. No tenía ni una mínima idea.

- Parlez-vous français? – Un hombre me daba toquecitos en el hombro.
-Perdón, yo no tengo ni idea de…
- vous parlez espagnol! – Exclamó interrumpiéndome y dándose media vuelta.

Arrugué la frente y continué en esa sala donde permanecíamos todos los representantes de los cuadros.

-¡Hola! – Un chico jovencito se acercó a mí y exclamó una palabra en español.
-Vaya, alguien con quien podré entenderme.
-¿Usted es Liam Payne?  - Dijo riendo.
-Soy Niall Horan. Vengo en su representación, le ha surgido un imprevisto.
-Bien. Mientras que yo le voy buscando el cuadro, usted escríbame aquí una frase que quiera que quede reflejada al lado del cuadro.

Miré el papel y apunté una frase: “Este dibujo lo han hecho las manos más dulces y sensibles que hayan podido coger un pincel. Este retrato lo ha hecho alguien especial. Alguien que, aun que muchas personas quieran e intenten hacerlo, nadie, nadie podría comparar.”

Después de unos minutos, ese mismo chico, vino en busca de mi frase. La cual me informó que apuntaría en tres idiomas: Francés, inglés y español.

~

Las puertas se abrían. Estaba nervioso. Esa chica estaba consiguiendo cosa que nadie, nadie, había conseguido que pasara en mí: Esas ganas de quererlo todo con ella.

Comenzaba a entrar gente. Ni rastro de ella. Miraba por ambos lados e intentaba mantenerme al lado del cuadro.

Suspiré. Mejor sería ir al baño.

Salí de esa sala principal y comencé a subir las escaleras del pasillo principal, las cuales me llevarían al baño.

-¡Una chica se ha desmayado! – Exclamó un hombre en inglés en medio de la escalera.
-¿Qué ha pasado? – Le preguntó curioso otro.

Yo continué subiendo. Seguramente se hubiera resbalado alguien y ya estarían exagerando.

Subí hasta el baño donde me miré en el espejo y me mojé la cara. De nuevo bajé a la sala.

Pasaron unas dos horas de mi estancia ahí con esa exposición abierta. ¿Y si Lorette no hubiese conseguido convencerla? Quizá no hubiese venido…

De repente, un hombre anunció algo por un micrófono. Lo dijo en francés y en inglés. Anunciaba que la exposición cerraría.

Suspiré de nuevo, una vez más. Llevaba toda la noche haciéndolo. No la había visto. Había venido aquí para nada. Necesitaba verla.

Ahora no me quedaría otra que buscarla por todo París. Ni si quiera podría llamarla. Mi móvil se quedó encima de la mesa de mi casa, a más de mil kilómetros de donde estaba. Tenia pocos días por delante para encontrarla y confesarla todo. 


lunes, 6 de mayo de 2013

Capítulo 36.


Llamada en curso.

Nada sonaba. Era absoluto silencio.

Después de unos segundos, una voz en francés me dijo que el teléfono al que llamaba estaba apagado o fuera de cobertura.

Miré a Lorette que me miraba esperanzada de saber cómo acabaría esta historia.

-Apagado… - La informé.
-Valla, lo siento.
-Esto es imposible. Estoy segura de que era él. Demasiadas coincidencias, ¿no crees? – Dije echando mi cuerpo hacia atrás en la cama.
-Y en el caso de que fuese él, ¿por qué ha venido hasta aquí?
-Esa es mi duda. ¿Y si él también me quiere?

Lorette volteó los ojos y abrió su cama colocándose el pantalón del pijama.

-Creo que deberíamos dormir. Mañana tenemos mucho París que investigar. – Dijo la francesa metiéndose en su cama.
-¿Iremos a la torre Eiffel?
-Mañana estará muy llena, es sábado. Mejor vamos el Lunes.

La miré y sonreí.

-Sí. Creo que mejor será dormir.
-Hasta mañana, ____. Descansa.
-Igualmente, Lorette.

Ella giró su cuerpo y me dio la espalda. Yo seguía con mis manos debajo de la cabeza y mirando al techo.

Sabía que era él. Era él. ¿Por qué habría venido? Mi duda continuaba y mi curiosidad aumentaba.

Pero Lorette tendría razón. Muy a mi pesar, debería dormirme. Mañana me esperaba un largo día.

Buenas noches, rubito. Estés donde estés.

~

Tres días más tarde.

-¡Despierta! ¡Vamos!
-Lorette… - Me quejé.
-Son las siete. Tenemos que madrugar, ¿recuerdas?
-¿Tan pronto?
-Claro. Hay mucho París por enseñarte aún. Nos queda lo más bonito. La torre Eiffel. ¡Vamos!

Me incorporé y restregué mis ojos.

Me miré en el espejo que había en frente de mi cama y sonreí. Era la primera vez que sonreía sin ninguna razón exacta desde hacía bastante tiempo.

Algo me decía que ese día sería genial. Lo tenía que ser. Estaba en París y no lo estaba aprovechando como debería. Ya llevaba tres días en esa ciudad.

Tres días en los que no tuve ninguna pista de Niall. Le volví a llamar pero continuaba teniendo el teléfono apagado.

¿Y si no era él? ¿Y si mi cuadro lo mandó el concurso?

Ladeé la cabeza. No me convenía pensar más en él. Ya bastante se había adueñado de mis pensamientos.

Me levanté de la cama y me preparé para bajar a desayunar con Lorette y su familia.

Tras una hora, las dos estábamos listas para salir a investigar lo que nos faltaba de París.

Cogimos unos bocadillos y los metimos en nuestras mochilas. Gafas de sol, cámara, agua, dinero, móvil. 

Llevaba todo lo necesario.

Ambas nos despedimos de los padres y el hermano de Lorette y emprendimos nuestro destino.

Nos montamos en un autobús que nos llevase hasta el centro de París, como habíamos hecho los días anteriores. Yo me puse en el lado de la ventana.

Esa ciudad era realmente preciosa. Ahora entendía por qué la llamaban la ciudad del amor.

Puse mis auriculares y dejé mi Ipod reproduciéndose solo en mi bolsillo.

El autobús estaba pasando justo al lado de la torre Eiffel. Increíble. Preciosa. Altísima. Mis ojos se iluminaban. En todos estos días no la había visto tan de cerca.

Después de unos minutos, el vehículo paró en frente de ella. Las dos bajamos y emprendimos camino para entrar.

Estaba ilusionada. Ahora me concentraba en ver ese magnífico monumento que estaba delante de mis ojos. 

Saqué mi cámara y comencé a sacarle fotos.

Solo la torre, Lorette y yo, yo sola, Lorette sola.

La francesa sugirió subir a la torre Eiffel. Yo no dudé ni un segundo y emprendí mi viaje para subir a ella por las escaleras.

Esperamos algo de cola, pero no demasiada. Era temprano y día lectivo.
Jamás me imaginé que ésta fuese así.

Me asomaba y veía las vistas de todo París. No dejaba de tomar fotos.

-¡____! ¡____!– Lorette me exclamó. - ¡Hazme una foto aquí!

Me giré en dirección a la francesa. La vi haciendo muecas para que la cuadrase bien en la foto.

-¡Pero sácame guapa! – Me exigió riendo.
-Eres guapa. Saldrás guapa. – La dije colocándome el visor de la cámara en el ojo.

Ajusté el objetivo para cuadrar tal y como me había dicho ella la foto.

Pero mis ojos se comenzaron a pestañear rápidamente cuando vieron algo. De nuevo era esa silueta que vi la anterior noche. Estaba viendo esa silueta a través del objetivo de la cámara. Esa silueta que arriesgaría mi cuello a que era la de Niall.

Quité mi ojo despacio del visor de la cámara y la solté para que cayese sobre mi pecho.
-¡____! ¡La foto! ¿Qué te ocurre? – Se quejaba Lorette.

La hacía caso omiso a ella y a sus resoplos de desesperación.

Mi corazón comenzaba de nuevo a acelerarse. Mi sangre circulaba rápidamente por mis venas y mis piernas empezaban a flojear de nuevo.

No. Ahora no podía desmayarme de nuevo. No podía hacerlo.

-¿Estás bien?
-Lorette. Es él. Allí. Entre esa gente. Es Niall.
-¡¿Qué?! – Exclamó desorientada.

Descolgué mi cámara y la solté en las manos de Lorette. Agarré mi bolso y comencé a correr, antes de que me cayese de nuevo en rotundo, a lo largo de ese sitio, esquivando a la gente y haciéndome hueco entre todas esas personas.

Tan solo unos metros me separaban de él. Ahí estaba con su cámara. Ahí estaba con una camiseta de tirantes perfectamente ajustada. Ahí estaba él, el rubito.

Me paré en seco a apenas un metro de él. Estaba tomando una foto a las vistas que se veían desde esa torre. Se colocó de nuevo una gorra al revés que tenía sujeta entre las piernas para hacer la foto.

Se giraría y me vería. Se giraría y estaría delante de él.

-Niall… - Susurré.

El rubito se dio la vuelta.

¡Dios mío! Ahí estaba. Era él.
Niall soltó su cámara por su pecho, al igual que lo hice yo. Estaba boquiabierto. No me esperaba en ese sitio, ni yo tampoco a él.

-____... – Dijo débilmente.

Le miré. Me miró. Niall se quitó la gorra y se acercó a mí.

-Por fin… - Dijo. – Por fin te he encontrado…

Ese chico soltó un suspiro de alivio y tiró su gorra al suelo.

Acto seguido, me sujetó la cara y se abalanzó sobre mis labios. Chocaron de nuevo. Los dos nos besábamos bajo el sol de esa mañana. En la torre Eiffel. En París.

Ese beso que marcaría un antes y un después a mi vida. Ese beso que me demostró que el amor imposible es siempre posible. Ese beso que venía del chico al que he querido y quise más en mi vida.

Amor, rabia, deseo, pasión. Miles de sentimientos se apoderaban de ese momento. Ese momento en el que compartíamos aliento. Compartíamos nuestros sentimientos.

Nos despegamos. Él me miraba y yo aún seguía descolocada por lo que acababa de pasar, pero no le quité la mirada ni un segundo. 


sábado, 4 de mayo de 2013

Capítulo 34.


-Lorette, es enserio. Este cuadro lo hice yo. ¿Cómo ha llegado hasta aquí?
-Será uno parecido. Venga, vamos a seguir andando.
-Pero…  ¡está firmado por mí! Míralo.
-¡Vamos! – Interrumpió Lorette.

La francesa tiraba de mi brazo y yo no pude hacer mucha fuerza debido a mis altos tacones. Me dejé llevar y continuamos mirando toda la sala. Ella miraba todos los retratos, yo no quitaba ojo a ese cuadro.

No cabía duda que era el mío. ¡Incluso estaba firmado por mí!

De repente alguien pasó a mi lado. Una fragancia que me resultaba familiar. Un olor tan reconocible y varonil para mí.

Un chico rubio perfectamente trajeado y solo se dirigía a mi cuadro.

Él se giró a ver otro cuadro. Estaba de perfil. No cabía duda, era él. Era él. Era el rubito. 

Quería andar hacia él. Echar a correr tras él. Pero algo me lo impedía. Sentía como mis piernas flojeaban y mis manos comenzaban a dormirse. Empezaba a tiritar y todo mí alrededor se estaba nublando. Intenté juntar los ojos para ver con más claridad, pero no pude. Me desplomé sobre el suelo de ese recinto.

~

-¡Menos mal! – Exclamó Lorette mirándome muy de cerca
-Lorette, ¿dónde estamos?
-Te caíste en rotundo en medio de aquella sala. Te trajimos aquí con ayuda de un doctor.

Estaba sentada en una silla algo inclinada para abajo. Detrás de mí se encontraba un hombre bastante trajeado.

 -¿Quién es él? – Pregunté.
-Es un doctor que afortunadamente andaba cerca de nosotras. ¿Qué te ha podido pasar?
-Lorette, era él. No me cabe duda. Niall está ahí afuera. Por Dios, necesito buscarle.
-¿Cómo va a estar él aquí? Habrá sido una imaginación. Deberá de haberte bajado la tensión. No sé qué te ha podido pasar…
-¡Enserio, Lorette! Era él. Está ahí. Él ha debido de ser quien ha traído mi cuadro.

Después de exclamar esa frase, me levanté de la silla. Encajé mis pies de nuevo en los tacones y fui en busca de aquel rubito a la sala principal.

Lorette salió detrás de mí después de darle las gracias a aquel doctor y de comunicarle que ya se podía marchar.

-Mierda, ya están recogiendo.- Dije atravesando esa puerta.
-Es normal. Ya ha terminado la inauguración. Debemos irnos, ____.
-No, pero…
-¿Quieres que nos pasemos por el hospital?
-¡No! Lorette, necesito encontrarle. Necesito verle. Estaba ahí. Estoy cien por cien segura.

Estaba totalmente desorientada. Todo eso había sido tan confuso y tan rápido. Mi cuadro estaba ahí. Él estaba ahí. Él era quien lo había traído. ¿Por qué?

-____, mi padre nos está esperando fuera. Vamos.

Lorette tiró de mi brazo y haciendo fuerza, consiguió sacarme de ese lugar donde, estaba segurísima, había visto a Niall.

Las dos bajamos corriendo bajo la luna de aquella noche de verano. La calle estaba bastante sola. Nos subimos en el coche de Bernard.

Yo estaba atontada. Me había desmayado justo en el momento más inoportuno. Necesitaba saber si era él. 
Necesitaba saberlo. Sabía que estaba mal, pero en el caso de que hubiera viajado hasta ahí, ¿por qué lo hizo?

-____, ¿estás bien? – Preguntó Lorette al ver que yo estaba completamente ausente, confusa.
-Sí. Supongo. – Dije mirándola.

Después regresé mi mirada a la carretera hasta que llegamos a casa de Lorette.

Ambas subimos a la habitación sin intercambiar ninguna palabra.

¿Por qué me tuve que desmayar? ¿Por qué justo en ese momento? Era obvio que hacía bastante que arrastraba muchísima presión, y estaba claro que el encontrarme ahí al rubito había sido muchísima más presión que toda la anterior junta. Pero, aún así, ¿por qué?

Lorette estaba desmaquillándose en el baño y yo estaba sentada en mi cama.

Cogí mi teléfono y le mandé un mensaje a Liam.

“Hola, feo. ¿Qué tal todo? Esto es precioso. Tengo cosas que contarte. ¿Anne volvió a casa? Te quiero…”

-Creo que no deberíamos haber ido a esa exposición… - Dijo Lorette desde el baño.
-Fuimos. Y si lo hicimos es por algo.
-¿Crees en el destino? – Preguntó entrando de nuevo en la habitación y colgando su vestido en el armario.
-Claro que creo. Conmigo está siendo demasiado caprichoso.
-¿Sigues empeñada en que ese chico era Niall?
-Claro. Estoy segura.
-¿Eres así de cabezota con todo?
-Siempre he sido muy, muy cabezota.

Lorette ladeó su cabeza a los lados. Mi móvil vibró.

“Hola, enana. Anne volvió a casa, no hablé con ella de esto pero parece estar algo mejor. Está arrepentida de lo que pasó la anterior noche. Creo que tenéis una conversación pendiente cuando regreses de París. Pero tú ahora disfruta. Ya hablaremos cuando vuelvas. Te quiero.”

Sonreí. Al menos sabía que mi hermana estaba mejor y que al menos querría dirigirme la palabra.

-Oye. – Lorette se dirigía a mí. – Si estabas tan segura de que ese chico del que me hablaste esta tarde estaba en la exposición… ¿Por qué no le llamas y sales de dudas?

Miré a Lorette. Tenía razón. Esa idea era genial.

-Ten. Toma mi número que te costará menos llamar.

La francesa me ofreció su móvil. Busqué en el mío el número de Niall y lo tecleé en el móvil de Lorette.

La miré ansiosa, mordiéndome el labio.

-¡Vamos! – Me animó.

Cogí aire y pulsé el número.

Llamada en curso.